
Una Cinta Para Nunca Olvidar
"ETerno Resplandor De unA mEnte sIn RecuerdOS"
Por que al nacer porque al crecer
porque al morir todo es vivir,
no pienses más no hay marcha atras
puedes correr, volar, reir, soñar
sin pretencion con desición, vocacion,
llegar al punto en tu interior
pa comprender, para entender
esas preguntas de tu corazón.
Poder amar, tolerar, aceptar,
aprender a perdonar,
con alguien estar, hacer el amor,
sentirte vulnerable despertar tu pasion
la noche vivir las netas decir,
por los que ahora extrañas y que esperan por ti,
bailar, cantar, soñar, reir, llorar
alguna huella en esta vida dejar.
Que chido es vivir, que chido es respirar,
una cancion tener, un buen libro leer,
pintar, escribir, un buen amigo tener,
por ti, por mí, por todos los demás,
que chido es compartir, que chido es respirar,
subir, bajar el alma desnudar,
volver a nacer, volverte a encontrar
QUE CHIDO!!!!
Canción "Qué Chido" de Federico వేగ
Si alguna vez se han sentado sobre la arena a contemplar un mar sin límites que pregunta sobre la vida, el amor, la memoria y el olvido; si han bailado al compás de este universo, para luego en un anhelo desechar su ritmo, o si han entendido que el amor es lo único en sus días por lo que vale la pena haber vivido, entonces "Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos", es una cinta inevitable en su destino.
Kaufman nos lleva no sólo a sus laberínticos parajes sicológicos; esta vez amplía el recorrido y nos adentra en terrenos netamente filosóficos, obligándonos a cuestionarnos acerca de lo ya ido, lo que brilla hoy bajo nuestro sol y lo que puede deparar el mañana. Nuestra existencia no es lo que palpamos, no es esta bola de tabiques llamada casa, esta lata con llantas a la que le decimos auto o la tonga de objetos que guardamos, no; nuestra vida está hecha de incontables ladrillos-recuerdo que conforman y dan sentido a la imagen que vemos frente al espejo cada mañana; nuestra vida está hecha de las cosas que guardamos por lo que significan en nuestro cerebro, los objetos más inútiles cuyo valor afectivo suele ser más intenso que el real. Pero qué sucede cuando el bagaje de esas memorias es demasiado doloroso, penoso o simplemente inconveniente; ¿no sería espléndido poder borrarlo a voluntad?, ¿alteraría esta amnesia voluntaria el resto de nuestra existencia tal como la conocemos?, y si así fuera ¿valdría la pena?
Estas son las preguntas sobre las que Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos construye un hilo conductor que juega con el espacio y el tiempo, construyendo y deconstruyendo una historia que sólo puede ser entendida al estilo Kaufman, es decir, cinco minutos antes de dejar la sala.
Proyectos,
proyectos,
proyectos,
y aunque de pronto el rostro se carga de sombras
y algo concurre del pasado y oprime
la alegría vuelve como un pleamar
la alegría vuelve y todo lo inaugura.
Carrey logra uno de sus mejores papeles (sigo sin entender la ceguera de la Academia después de El Majestic y Truman Show) y de la mano de Kate Winslet (mucho mejor que su rol empalagoso de Titanic) dan vida (¡y qué vida!) a una pareja divertida, sui generis y espontánea. Kirsten Dunst, la sexy Mary Jane y Elijah Wood, el intrépido Frodo, completan los histriones de esta cinta, que les hará pensar mucho durante y después de su proyección.
Gratísimo sabor de boca y de mente; ampliamente recomendable si gustan de ver propuestas atrevidas y diferentes; espléndida cinta para salir del cine y largarse al mar en búsqueda de sentido, de paz, de compañía... y para los amargados que la juzguen tonta, burda o sin sentido, siempre está el camino del olvido.
